La primera vez

Hoy voy a hablar sobre la primera vez. Bueno, sobre las primeras veces profesionales, esas que nos hacen ponernos nerviosos a la hora de afrontarlas, que incluso nos quitan el sueño, sí, como esa primera vez que se te acaba de venir a la cabeza.

Y es que resulta curioso que, sobre esas primeras veces, podemos decir que algunas no se nos olvidan, que otras sí  y que otras no se nos olvidan aunque lo que queremos es olvidarlas…
Cuando tengo oportunidad de vivir una de esas “primeras veces importantes”, que la verdad es que me encanta tener primeras veces, reconozco que me lo tomo como un reto que siempre que puedo afronto. Se me vienen a la cabeza muchos recuerdos, alguna que otra mariposa en el estómago y principalmente dos palabras: tensión y preparación.

La tensión, en su cuarta acepción según la RAE, se refiere a un estado anímico de excitación, impaciencia, esfuerzo o exaltación. Una tensión que tenemos debida posiblemente al miedo a que el reto no nos salga como lo tenemos pensado o nos gustaría, a que no nos salga como creemos que los demás esperan, al qué dirán esas personas, o peor aún al qué diremos nosotros mismos del resultado.

Etimológicamente tensión viene del latín tensio y significa acción y efecto de estar estirado. Cuando recuerdo alguna que otra corporalidad en esas primeras veces entiendo por qué decimos que estamos en tensión.

La palabra Preparar, viene del latín praeparare, y está formada del prefijo prae (antes) y el verbo parare (disponer, dejar listo), por lo que preparar, como dice la RAE es disponerse, prevenirse para ejecutar algo o con algún otro fin determinado.

La relación entre estas dos palabras, tensión y preparación, en el contexto de las primeras veces, es lo que me ha motivado a escribir este post, ya que generalmente, el sentirnos más preparados, el haber dedicado muchas horas o días a la preparación de algo, no siempre nos hace tener menos tensión, sino todo lo contrario. A mí al menos me pasa. Creo que eso se debe a que centramos nuestra atención, no tanto al qué me diré y opinaré yo del resultado, sino al qué pensarán los demás, las personas destinatarias, al dónde me colocarán, en el cielo o el infierno de los profesionales.

Cuando ponemos el foco principalmente en la opinión de los otros, el resultado de nuestras acciones, de nuestra preparación, deja de estar bajo nuestro control y eso nos puede hacer llevar la tensión, nuestra tensión, al límite, por más preparados que estemos. El resultado en estas ocasiones suele ser de los que mejor olvidar, y generalmente no podemos.    

¿Y si ponemos el foco en nosotros? Por supuesto, sin caer en la temeridad de ir únicamente por nuestra cuenta e interés y considerando a quienes va dirigida nuestra acción, me refiero a que… ¿y si nos olvidamos de ese ‘dónde nos van a colocar’? ¿Y si nos olvidamos de ese juicio?

¿Y si pensamos que es la primera vez de algo que estamos aprendiendo?, para la que nos estamos preparando, que esa primera vez no es el fin de algo, sino el principio.

¿Y si el que te estás colocando en el cielo o el infierno profesional sólo eres tú? …con tu diálogo interno y no esas personas a las que te diriges.

¿Y si lo que estás haciendo es compararte con una “ilusión de ti mismo”? Una ilusión que solo se puede hacer real con experiencia, con una experiencia que únicamente se consigue haciendo las cosas una y otra vez, con aciertos y errores y por supuesto esfuerzo, preparación y generalmente trabajo, mucho trabajo.

Para mí la clave está en  recordarme que, para que haya una segunda, tercera, cuarta, … vez es imprescindible que haya una primera, aunque esa primera sea para olvidarla, eso sí, prepárate, prepárate para seguir trabajando en la segunda, en la tercera y en todas, ya que con la primera vez sólo has empezado y lo ideal es que no tenga fin, o que el fin se lo pongas tú porque hayas encontrado un nuevo reto.

Otra cosa que me gusta es descubrirme en tensión, en la cuarta, al quinta, la sexta vez de las cosas…, porque creo que ese es el termómetro que te dice la verdad sobre la importancia de las cosas, y que realmente estoy pensando en la acción y en las personas a las que me dirijo, porque me preocupan más ellas que lo que vayan a pensar de mí.

*Imagen del post descargada de http://www.pixabay.com con licencia CCO

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