Emprendiendo

Suelo decir que soy un emprendedor empedernido, y es que creo que llevo emprendiendo toda la vida. Entiendo que emprender es buscarse la vida, no conformarse con lo que tenemos y trabajar continuamente para mejorarlo, aunque ya estés trabajando o ya tengas tu empresa.

Cuando llegó el momento de desarrollarme profesionalmente hice lo que me pedía el cuerpo, crear una empresa haciendo lo que me gustaba hacer, con mucha ilusión y muchas horas de trabajo a la espalda como capital principal. Ahora, tomo conciencia de que llevo más dieciséis años en este camino.
Para mí el emprendimiento no es una moda, ni una posible salida a un problema de desempleo, como digo, lo entiendo como una forma de vivir ligada a la proactividad personal, una decisión a la hora de afrontar las cosas,… y es que, yendo más allá considero que se puede ser una persona emprendedora a la hora de desarrollar una idea de negocio, en una empresa en la que se esté trabajando, dentro de una administración como funcionario o en una ONG.

Desde hace unos años, me dedico profesionalmente a acompañar a personas y equipos que emprenden, utilizando el Coaching como metodología principal, además de distintas herramientas ágiles de emprendimiento, (aquí podéis ver el post que escribimos el equipo de Emprendimiento Colectivo de La Escuela de Economía Social, donde colaboro habitualmente).

De hecho sirva este post como agradecimiento y homenaje a todas aquellas personas que emprenden, y de manera especial, a las que comparten conmigo sus proyectos.

Para entender profundamente lo que significa emprender, como hago habitualmente me he ido a buscar en la etimología de la palabra, que en castellano deriva del latín “in prendere” (coger o tomar) y se utilizaba inicialmente para denominar a los aventureros y militares.

En la lengua española la primera definición formal es del Siglo XVIII, en ella, se definía a las personas emprendedoras como “Persona que determina hacer y ejecutar, con resolución y empeño, alguna operación considerable y ardua”. En Francia a inicios del siglo XVIII extendieron su significado para aludir a los hombres encargados de construir grandes catedrales, es decir arquitectos y también a constructores de puentes.
Puedo ahora entender, lejos de toda moda, el valor y peso que realmente tiene la palabra, y todo lo que significa hoy día emprender, y mucho más para las personas que lo hacen.

De todo esto que os acabo de contar me surge nube de palabras que de una manera u otra recogen las cuestiones que más me gustan y me inspiran de las personas y los equipos emprendedores:
Viven la experiencia de emprender como una ardua, continua y auténtica aventura, en la que nunca saben qué es lo siguiente que se van a encontrar, y qué prueba u obstáculo tendrán que superar. Y como una aventura lo viven, con sus miedos, alegrías, enfados, esperanzas y desesperanzas, haciéndose cada día más fuertes y creciendo a base de pequeños o grandes fracasos que se acaban tornando en aprendizajes.
Viven el emprendimiento de una manera determinada, no puede ser de otra forma, en un proyecto de emprendimiento o se emprende o no se emprende, no caben medias tintas y lo saben, y lo hacen, por eso ponen toda la carne en el asador, echando horas que le quitan a familias, parejas, amigos, aficiones,… siempre de una manera determinada, para conseguir el objetivo marcado.
Ejecutan, con resolución y empeño lo que se proponen. Como diría José Antonio Marina en su libro Objetivo Generar Talento, articulan  la inteligencia triunfante, la que  toma las decisiones más adecuadas y las pone en práctica de manera eficaz.
La verdad, me siento un afortunado aprendiz de los equipos y personas emprendedoras a los que acompaño. Ellos me enseñan la importancia de ser resolutivas y mantener el empeño en conseguir algo, en conseguir sus objetivos, sus sueños. Día tras día se levantan con la misma cantinela mental con la que se acuestan,  construir su catedral particular, tendiendo puentes de relaciones humanas entre los miembros de los equipos, entre las personas colaboradoras y distintas empresas con las que participan, entre su propuesta de valor y sus clientes, entre sus proyectos y la sociedad.
Y con sus aprendizajes, con lo que me enseñan, yo sigo emprendiendo… mientras les acompaño.
Gracias.

*Imagen del post descarada de http://www.pixabay.com con licencia CCO

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